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18Oct2018

Los expertos relacionan el aumento de psicopatologías en menores con la falta de autonomía para explorar y ejercer el autocontrol

Un padre pendiente de los movimientos de su hija en una plaza de Barcelona (Llibert Teixidó)

Si usted es de los que alza a su hijo para que suba a las barras de equilibrio o a un árbol, de los que le advierte constantemente que se va a caer del tobogán, o de los que interviene cuando discute con otros niños por un juguete o por quién ha ganado, sepa que le está haciendo un flaco favor, que está comprometiendo su desarrollo psicológico.

Cada vez son más los psicólogos, médicos y pedagogos que vinculan el declive del juego libre, espontáneo y sin supervisión de adultos con el aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la depresión y la ansiedad. ¿Por qué?

“Porque el decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades”, responde Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

Pero hoy padres y madres supervisan las actividades de los niños a escasa distancia y vigilan sus movimientos, sobreprotegiéndolos y privándolos de gran parte de esos aprendizajes. Y cuando no están bajo la mirada de los padres están bajo la supervisión de un maestro, un familiar o un monitor que dirige sus actividades, siempre controlado por un adulto que organiza y gestiona su ocio. El resultado es una notable falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos, para desarrollar intereses propios, para aprender a resolver sus problemas, cómo controlar su vida y, sobre todo, sus emociones.

“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, cosa que tiene relación directa con la depresión y la ansiedad, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC.

Más categórico se muestra, si cabe, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma Editorial): “No es que el juego influya en el desarrollo psicológico sino que es una necesidad psicológica; y cuando los padres nos entrometemos y les advertimos, cuando les decimos hasta cómo se tienen que sentir, se les quita confianza, y un niño con menos confianza se siente más inseguro, más vulnerable, y tiene más riesgo de caer en depresión”. Subraya que, por el contrario, los niños que juegan solos son más capaces de negociar, de resolver problemas prácticos y conflictos, se sienten más competentes para hacerlo, se saben capaces, y eso les proporciona confianza y redunda en su autoestima. “Al niño que le llevamos siempre a actividades programadas, al que sobreprotegemos y alertamos continuamente de los riesgos, le damos un mensaje de que no confiamos en él, que hay que vigilarle, y eso afecta a la autoestima”, enfatiza Bilbao.

El psicólogo Peter Gray, dedicado a la investigación de las formas en las cuales los niños aprenden de forma natural y en el valor del juego, sostiene en sus artículos que la mejor forma de arruinar el juego infantil es “supervisar, halagar, intervenir”. Gray ha documentado y descrito una conexión causal entre el declive del juego libre y el aumento de patologías psicológicas en los jóvenes estadounidenses durante las últimas décadas. “En ausencia de juego libre con iguales, los niños no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicológico sanos”, argumenta.

“Si de niños siempre dependen de los maestros o de sus padres, en la vida adulta van a tener problemas para resolver sus dificultades porque no los tendrán a mano”, coincide Katia Hueso, cofundadora de Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre que se creó en España, y autora de Somos Naturaleza. Un viaje a nuestra esencia (Plataforma Editorial).

Hueso explica que cuando los niños tienen libertad a la hora de jugar, el juego en sí dura poco porque pasan la mayor parte del tiempo pensándolo, consensuando qué van a hacer, con qué y cómo, de modo que trabajan la creatividad, la imaginación y la fantasía además de las habilidades sociales.

Causas diversas

La superprotección de los padres, la vida en las ciudades, el urbanismo, los horarios laborales y las políticas infantiles limitan que los niños jueguen solos en la calle

Y remarca que si además de jugar con libertad lo hacen al aire libre, la combinación resulta aún más poderosa y beneficiosa para su salud mental, porque tienen más espacio, más materiales con los que jugar, aparecen más imprevistos a los que adaptarse y mayor sensación de libertad y serenidad. “Si el niño sale a jugar al campo y lo encuentra encharcado tendrá que jugar con el charco y no con el suelo, y eso significa gestionar los cambios, adaptarse y hacer cintura, que son cosas que vienen muy bien en la vida adulta para sobrellevar las cuestiones que no podemos controlar”, ejemplifica Hueso.

Si usted es de los que alza a su hijo para que suba a las barras de equilibrio o a un árbol, de los que le advierte constantemente que se va a caer del tobogán, o de los que interviene cuando discute con otros niños por un juguete o por quién ha ganado, sepa que le está haciendo un flaco favor, que está comprometiendo su desarrollo psicológico.

Cada vez son más los psicólogos, médicos y pedagogos que vinculan el declive del juego libre, espontáneo y sin supervisión de adultos con el aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la depresión y la ansiedad. ¿Por qué?

“Porque el decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades”, responde Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

“Decidir con quién, dónde, cuándo y a qué jugar obliga a negociar, pactar, tomar decisiones, asumir riesgos… Y eso mejora la confianza y la resilencia” JAUME BANTULÀ Miembro del Observatorio del Juego Infantil

Pero hoy padres y madres supervisan las actividades de los niños a escasa distancia y vigilan sus movimientos, sobreprotegiéndolos y privándolos de gran parte de esos aprendizajes. Y cuando no están bajo la mirada de los padres están bajo la supervisión de un maestro, un familiar o un monitor que dirige sus actividades, siempre controlado por un adulto que organiza y gestiona su ocio. El resultado es una notable falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos, para desarrollar intereses propios, para aprender a resolver sus problemas, cómo controlar su vida y, sobre todo, sus emociones.

“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, cosa que tiene relación directa con la depresión y la ansiedad, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC.

“La mejor forma de arruinar el juego infantil es supervisar, halagar o intervenir”PETER GRAY Psicólogo

Más categórico se muestra, si cabe, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma Editorial): “No es que el juego influya en el desarrollo psicológico sino que es una necesidad psicológica; y cuando los padres nos entrometemos y les advertimos, cuando les decimos hasta cómo se tienen que sentir, se les quita confianza, y un niño con menos confianza se siente más inseguro, más vulnerable, y tiene más riesgo de caer en depresión”. Subraya que, por el contrario, los niños que juegan solos son más capaces de negociar, de resolver problemas prácticos y conflictos, se sienten más competentes para hacerlo, se saben capaces, y eso les proporciona confianza y redunda en su autoestima. “Al niño que le llevamos siempre a actividades programadas, al que sobreprotegemos y alertamos continuamente de los riesgos, le damos un mensaje de que no confiamos en él, que hay que vigilarle, y eso afecta a la autoestima”, enfatiza Bilbao.

El psicólogo Peter Gray, dedicado a la investigación de las formas en las cuales los niños aprenden de forma natural y en el valor del juego, sostiene en sus artículos que la mejor forma de arruinar el juego infantil es “supervisar, halagar, intervenir”. Gray ha documentado y descrito una conexión causal entre el declive del juego libre y el aumento de patologías psicológicas en los jóvenes estadounidenses durante las últimas décadas. “En ausencia de juego libre con iguales, los niños no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicológico sanos”, argumenta.

(Ana Jiménez)
“Si de niños siempre dependen de los maestros o de sus padres, en la vida adulta van a tener problemas para resolver sus dificultades porque no los tendrán a mano”, coincide Katia Hueso, cofundadora de Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre que se creó en España, y autora de Somos Naturaleza. Un viaje a nuestra esencia (Plataforma Editorial).

Hueso explica que cuando los niños tienen libertad a la hora de jugar, el juego en sí dura poco porque pasan la mayor parte del tiempo pensándolo, consensuando qué van a hacer, con qué y cómo, de modo que trabajan la creatividad, la imaginación y la fantasía además de las habilidades sociales.

Aprender a manejar riesgos

Por ventajas que tenga el juego sin supervisión al aire libre hoy resulta inimaginable dejar que los niños salgan solos a la calle para jugar con amigos. Las ciudades no son demasiado amables, es difícil encontrar lugares donde los niños puedan apartarse y explorar tranquilos y sin que los padres teman por atropellos, robos o secuestros. Pero sin descuidarlos, se les puede dejar “solos” por la vía de no intervenir cuando se les acompaña al parque o a la plaza. “Es importante que desde pequeñitos no interrumpamos el juego de los niños, dejarles a su aire, no interferir cuando interaccionan con otros bebés en el arenero ni ayudarles a trepar al tobogán… Hay que darles espacio y tiempo, quedarnos fuera del recinto y no intervenir en sus disputas salvo que haya agresiones físicas o abuso porque el conflicto se plantee con un niño mucho más mayor”, explica Álvaro Bilbao.

La seguridad

Se les puede dejar “solos” por la vía de apartarse y no intervenir cuando se les acompaña al parque o a la plaza

Katia Hueso cree que la intervención de los padres cuando acompañan a los niños al parque debe limitarse a dar pautas del tipo “de esta plaza no puedes salir” o “de aquel árbol no puedes pasar porque no te veo”, y dentro de esos márgenes ofrecerles juego libre, confiar en ellos, “porque cuando les das confianza suelen respetar los límites”. Añade que cuando se les permite manejarse solos, los niños adquieren mayor capacidad para valorar el riesgo. “El niño al que se aúpa al tobogán no sabe valorar sus posibilidades, pero el que lo hace por sí mismo sí sabe de qué es capaz, así que se mete en menos líos”, comenta .

Bilbao explica que hay estudios que constatan que en los parques de aventura donde hay elementos peligrosos (cuerdas, botellas, serruchos, clavos…) y los adultos tienen vetada la entrada hay menos accidentes que en los parques convencionales donde los padres están constantemente diciendo “cuidado con eso” o “no te subas ahí”.

Hueso subraya que cuando los adultos dejan espacio y no intervienen dan al niño no solo la oportunidad de explorar jugando, sino también de aburrirse, de frustrarse, de examinar sus ideas o de alejarse a un rincón para estar solo, “cosas muy importantes para la salud mental”. A modo de ejemplo comenta que si un niño quiere subirse a un árbol y no lo consigue, es mejor acompañarle en la frustración que empujarle para que suba. “Si le subes, su satisfacción será muy efímera; en cambio si le acompañas en la frustración y le dejas gestionar la impaciencia, la satisfacción que sentirá al subir a la tercera intentona sí que la recordará y le servirá en el futuro”, dice.

Fuente: La Vanguardia

13Sep2018

Fes que l’adaptació a l’escola segui més fàcil per als petits

És setembre i amb ell arriba l’esperada, o temuda, tornada a l’escola. Un fet que implica un període d’adaptació per als infants, i en el qual els pares tenen un paper molt important. La separació és difícil per a ambdues parts, però com a adults hem de ser capaços de facilitar aquest pas als més petits.

 

En aquest sentit, hi ha errors que no es poden cometre:

 

No preparar els infants.

Cal involucrar-los en la preparació de l’inici de les classes. Han de saber el que vindrà. Per això és positiu que participin en la compra del material escolar, o en la preparació del calendari d’àpats, per exemple.

 

Plorar davant dels infants.

Per molt difícil que sigui mantenir-se ferm quan l’infant plora, com a adults hem de saber gestionar les emocions L’infant està nerviós. Com a pare et toca mantenir-te ferm i transmetre-li seguretat.

Girar-se si està plorant.

Si ja t’has acomiadat i el sents plorar o et crida, no et donis la volta, o evita-ho al màxim. El personal de l’escola està capacitat per calmar-lo. Al cap de poc temps estarà bé.

 

Marxar sense acomiadar-se.

El comiat és trist, però marxar sense que l’infant se n’adoni no és una opció, ja que els pot fomentar la sensació d’abandonament.

 

Allargar massa el comiat.

 

Renyar els infants perquè ploren.

Els infants se senten malament el primer dia d’escola, no se’ls ha de renyar si ploren. És normal. Tingues paciència, acomiadat, i no et giris.

 

Font: elmon.cat

20May2018

Amb el bon temps arriba un maldecap que molts pares tenien mig oblidat des de l’estiu passat. Tot i que no són una infecció parasitària excessivament perillosa, sí que són un malson per a aquells que els intenten treure dels caps dels seus fills.

Potser alguna de les següents informacions us ajudarà a conèixer millor aquests “amics” que ens acompanyen a tot arreu.

1. Per què només van als nens?

Per norma general –sempre hi ha excepcions–, els polls només s’instal·len als caps de nens de 10 o menys anys d’edat, quasi mai en adults. Això és perquè és a partir d’aquesta edat que la pell comencem a secretar un greix natural que no agrada gens a aquests insectes.

2. Els polls no salten. Viatgen igual que Tarzan

Al contrari del que molta gent pot pensar, per infectar-se cal que els caps es toquin entre ells perquè un poll “salti” d’un cabell a un altre. De fet, el que fa és passar d’un cabell a un altre de la mateixa manera que Tarzan saltava de liana en liana, però sense cridar. No són puces, són polls. Així que, alerta amb xiuxiuejar-se coses a l’orella, amb les abraçades, amb compartir gorra i fins i tot amb fer-se selfis en grup!

3. Van al cabell net. No és un mite

Els polls mengen sang, igual que nosaltres mengem patates braves. Ens agraden molt. I ens agrada especialment quan el plat, els coberts, la taula i els tovallons són ben nets. Doncs als polls, també. I a més els va millor per enganxar els ous a la base del cabell. En un cabell greixós es poden desprendre amb més facilitat. I prefereixen els cabells llisos. El cap dels nens s’ha de rentar amb la freqüència habitual. No pel fet de tenir polls s’ha de rentar el cabell amb més freqüència pensant que serà més higiènic. De fet, és al contrari. No eliminarem els polls, sinó que els estarem fregant els plats cada dia.

4. Ponen entre 5 i 10 ous diaris

Les llémenes son aquests petits granets de sorra que es veuen enganxats a la base dels cabells i que costa molt de treure. De vegades es pot confondre amb la caspa, però es pot diferenciar perquè la caspa marxa amb (relativa) facilitat. Doncs bé, si passem molts dies sense aplicar-hi el tractament, no només eclosionaran les llémenes i tindrem més polls, sinó que a més, els polls que ja teníem en pondran més i més. De fet, un poll només s’aparella una vegada a la vida i conserva l’esperma al seu interior, per anar-se autofecundant cada dia una miqueta i seguir ponent ous durant la seva vida, que pot ser de fins a un mes.

5. El tractament més eficaç: dimeticona

Donant per sobreentès que no raparem als nostres fills (a menys que es posi de moda), parlarem dels tractaments químics. Els tractaments convencionals contra els polls es basen en insecticida. Amb els anys, però, la majoria de les 3.000 espècies diferents de polls que es poden trobar s’han anat fent resistents a aquests productes. Per tant, si no els podem enverinar, els haurem d’ofegar. Cada cop en són més, els tractaments farmacèutics basats en dimeticona: una mena de silicona líquida que té textura oliosa i que embolcalla els polls d’una substància impermeable i no transpirable. T’imagines com ho passaries si t’emboliquessin per complet amb film transparent? Doncs això és el que senten els polls (ara que no et facin pena, eh?). D’aquesta manera, deixant-lo actuar el temps indicat, els polls es van asfixiant i perden la força per agafar-se als cabells. A banda, les llèmenes també quedaran estovades i sortiran amb més facilitat. El tractament, per cert, s’ha de repetir al cap d’una setmana (el temps d’incubació dels ous), per eliminar algun poll o llémena que hagi pogut quedar, abans no es reprodueixi.

6. Per què prefereixen estar al clatell i darrere les orelles?

Especialment el clatell. Perquè són els llocs més calentons, on sovint hi ha abundància de cabell, i són les ubicacions on els va millor per incubar els ous.

7. Hi ha espècies que viuen a la roba

Determinades espècies de polls no viuen aferrades als cabells, sinó a les fibres de la roba, i s’enganxen esporàdicament a qualsevol part de la pell humana per alimentar-se de la sang i tornar cap al teixit a reproduir-se i pondre els ous. Per això, el costum tradicional de rentar amb aigua ben calenta els llençols i les tovalloles no és un esforç en va. D’altres sí que viuen als cabells, però pot ser a qualsevol part del cos, com el pubis, les celles, la barba, el bigoti o les aixelles.

FONT RAC1
VÍCTOR ENDRINO CUESTA

21Mar2018

8 preguntas clave para saber si tu hijo tiene adicción a las pantallas

Si te preguntaran… ¿sabrías detectar en tu hijo una adicción a los videojuegos?, puede que respondas: ¡claro! Si te preguntaran… ¿y cómo?, seguramente responderías… ¡pues por el tiempo que le dedique a ellos! Y ahí está el error. Tendemos a pensar que la adicción de los niños a las pantallas está relacionado con el tiempo que pasan delante de ellas, y olvidamos que nosotros, nuestra generación (ahora padres), pasábamos horas y horas delante de la televisión (cuando todavía no teníamos tantas pantallas, claro), y que ahora como padres dedicamos más de dos horas al día a tablet y smartphone.

 

Pero entonces, ¿cómo saber si el tiempo que mi hijo pasa delante de las pantallas le está generando una adicción? De esta forma: descubre el truco para saber si tu hijo tiene adicción a los videojuegos o a la tablet. Estas son las 8 preguntas clave para saber si tu hijo tiene adicción a las pantallas.

Estas son las 8 preguntas clave para saber si tu hijo tiene adicción a las pantallas

El truco para saber si un niño siente demasiada dependencia por las pantallas lo encontramos en un reciente estudio elaborado por La Asociación Americana de Psicología (Apa-Psycnet) en donde se destacan ciertos signos de alerta que los padres deben tener en cuenta. Lo importante es detectarlos a tiempo. Lo sabremos contestando a estas preguntas (los psicólogos que realizaron el estudio se las plantearon a más de 200 padres y madres):
1. ¿Ha perdido su hijo el interés por actividades que no sean pantallas?

2. ¿Tienen problemas para dejar de jugar o consultar el móvil?

3. ¿Está pensando en su actividad preferida (videojuegos, tablet…) todo el tiempo?

4. ¿Es lo único que los pone de buen humor y se enoja de forma irracional cuando se ve obligados a apagar o desconectar?

5. ¿Su uso aumenta con el tiempo?

6. ¿Se escabullen o miente para usar pantallas?

7. ¿Interfiere con las actividades familiares?

8. ¿Causa problemas para otros miembros de la familia?

A todo esto debes añadir el tiempo que tu hijo pasa delante de las pantallas a la semana (o al día). Es válido para niños entre 4 y 11 años.

Para saber qué nivel de dependencia tiene tu hijo por tablet o videojuegos, suma las respuestas afirmativas y valora también el tiempo que tu hijo pasa delante de las pantallas. A partir de ahí reflexiona sobre la dependencia de tu hijo con tablet, smartphone o videojuegos. Si respondes sí a todas las preguntas, es evidente que tu hijo tiene un claro problema de dependencia.

¿Es o no es una adicción la dependencia de los niños a las pantallas?

Sin embargo, este mismo estudio pone en duda la palabra ‘adicción a las pantallas’. Aseguran que no está claro que esto sea una adicción, como sí lo son muchas otras que generan riesgos en la salud física y psicológica de la persona. El alcohol, el tabaco, la droga, crea adicción, por ciertos ingredientes que generan en el cuerpo una necesidad imperiosa de volver a consumirlos. Pero…. ¿los videojuegos? ¿Las pantallas? No es algo que se consuma de forma física. No son ingredientes que entran en contacto con nuestro cerebro. Es tal vez una dependencia ‘emocional’, no física.

Dentro de este estudio, los psicólogos entrecomillan la palabra ‘adicción’. En otras ocasiones prefieren utilizar el término ‘uso problemático’, en la medida en el que esa dependencia puede afectar sobre todo a la conducta del niño y a su relación con los demás.

Sea adicción o uso problemático, recuerda que a partir de 2018, la adicción o dependencia a los videojuegos pasa a catalogarse como enfermedad según la Organización Mundial de la Salud, quien ya se ha encargado de modificar su lista de enfermedades para acoger a esta reciente problema que puede llegar a afectar a un niño o adolescente a nivel emocional, de la conducta y psicológico (e incluso, en casos más severos, físicos).

Y recuerda que los videojuegos y las nuevas tecnologías no son malos: solo lo es el uso incorrecto que se hacen de ellos. Estas preguntas, por cierto, también serían válidas para los padres.

Font: www.guiainfantil.com
Estefanía Esteban

10Ene2018

TÍTOL: GUJI GUJI
AUTOR: CHIH-YUAN CHEN
EDITORIAL: THULE
EDAT RECOMANADA: A PARTIR DE 6 ANYS
SINOPSI: Per un atzar de la natura, un ou de cocodril va a parar a un niu d’ànecs. Quan els ous eclosionen, d’ell neix Guyi Guyi. És diferent als altres ànecs, però mare Pota els vol a tots igual i ensenya a Guyi Guyi a bussejar i a caminar tentinejant. És tan feliç que no s’adona del diferent que és dels seus germans, se sent un ànec més.Fins que un dia tres cocodrils li revelen que és un d’ells i que els cocodrils mengen ànecs. No només això, a més apel·len a la seva consciència d’espècie perquè els ajudi a atrapar a la seva família i així poder devorar-la. Guyi Guyi es veu immers en un complicat dilema: ser fidel a la seva espècie o la seva família. Finalment, gràcies a un astut ardit, tot es resoldrà com els nins lectors esperen i Guyi Guyi assumeix la seva veritable identitat, esdevenint un cocopato cada dia més feliç i més fort.

10Ene2018

TÍTOL: POLLOSAURIO
AUTOR: DANI PADRON
EDITORIAL: JAGUAR
EDAT RECOMANADA: A PARTIR DE 3 ANYS
SINOPSI: Quan el pollet Llito es va convertir en un autèntic Pollosaurio, es va sentir segur i feliç. Però això no sempre havia estat així … Conte per tractar l’assetjament escolar.

19Dic2017

 

TÍTOL: El Ren de Nadal
AUTOR: Nicola Killen
EDITORIAL: B DE BLOK
EDAT RECOMANADA: A PARTIR DE 3 ANYS
SINOPSI: Lucía desperta amb el so d’uns cascavells i decideix sortir, enmig de la nit i sota la neu, per esbrinar la seva procedència. El seu somni es fa realitat quan troba a un ren màgic que la porta volant pel cel en una aventura nadalenca molt especial. Un llibre exquisidament dissenyat que sens dubte agradarà als lectors per la seva història senzilla i la seva màgica combinació de colors.