Category "Zona familiar"

5Nov2018

Después de tantas investigaciones. De tantos expertos en educación explicando que el expediente académico es una medida obsoleta que no debería etiquetar a los estudiantes. Después de que el jefe de Relaciones Públicas de Google, el señor Laszlo Bock, gritara a los cuatro vientos que haber sacado un montón de sobresalientes y matrículas de honor en la universidad no te habilita a desempeñar un trabajo, todavía algunos los centros educativos, siguen erre que erre. ¿De verdad los sobresalientes tienen que ser tan importantes en los colegios?

Hay centros educativos siempre tienen en cuenta lo mismo. Y es una pena

Siempre siguen con su misma metodología. Con sus mismos recursos, con sus mismos programas y con ninguna intención de cambiar algo y salir de lo que es “tradicionalmente correcto”. Hoy, desde educación primaria, los alumnos tienen que someterse a los temidos exámenes, pruebas anticuadas que intentan valorar si se ha adquirido bien los conocimientos de una asignatura. ¡Cómo si los exámenes fueran la única herramienta para saberlo!

El sistema educativo lo único que valora y tiene en cuenta para pasar al siguiente curso, son los números: un estudiante ha sacado sobresalientes en todas las materias pero ha tenido malos comportamientos en el aula. No ha mostrado ningún tipo de compañerismo ni solidaridad con los demás y no ha sabido gestionar sus emociones. Pero oye. Muy bien. “Promociona y nos vemos el año que viene”. Ahí queda eso.

¿Aprobar los exámenes es lo único que importa?

Desde pequeños muchos centros educativos incitan a los niños a estudiar y a aprobar los exámenes. Les mienten diciendo que con eso será suficiente. Y sí, estoy de acuerdo, puede que sea suficiente para no repetir curso y para ir superando cada etapa educativa. Pero, ¿y después qué? Muchos estudiantes salen de las universidades con un expediente académico de sobresaliente y no tienen ni idea de qué hacer. Y no sólo eso, si no que no tienen las habilidades necesarias para entrar en el mercado laboral.

Hablemos de la educación. Un alumno ha decidido estudiar magisterio y ha sacado muy buenas notas en la carrera y los docentes están encantados con él. En el momento de hacer las prácticas en un centro educativo, los tutores encargados de su formación dicen que no está haciendo bien las cosas, que para trabajar con niños hay que adoptar una actitud positiva y creativa. Que hay que ilusionarse con la enseñanza y dar lo mejor de cada uno.

Pero no hay que olvidar que ese alumno, ha obtenido las mejores calificaciones en las asignaturas. Sin embargo, otro estudiante, que ha ido renqueando con las notas, llega al centro de trabajo y se muestra encantado, capaz de trabajar en equipo, teniendo en cuenta las emociones de los compañeros, de los niños y de los padres, y dispuesto a seguir aprendiendo y disfrutando con la experiencia. ¿De que sirve ser un estudiante modelo en cuanto a expediente académico se refiere si no se es capaz de ser una persona tolerante, respetuosa, creativa, con ilusión, inspiración y comprometida con sus valores?

¿Y los montones de cosas que no se aprenden (pero se debería) en el colegio?

¿De que sirve que un estudiante de educación primaria apruebe todos los exámenes si no es capaz de gestionar sus impulsos, tolerar el fracaso, respetar las opiniones de todos los compañeros y trabajar en equipo? Esta claro que se puede ser una eminencia en cirugía, haber obtenido un montón de diplomas y reconocimientos en la materia. Pero, ¿qué pasa si se pierde a alguien en la mesa de operaciones y el cirujano no sabe cómo hablar con las familias? O sí que lo sabe, pero no muestra ni el menor tacto, empatía y sensibilidad que requiere la situación?

En el caso del niño de educación primaria si no ha aprendido a ser persona, a convivir con los demás, a reflexionar, a tomar decisiones y a respetar las de los demás y a trabajar en equipo, puede que tenga graves problemas para enfrentarse al mundo dentro de unos años. En el caso del cirujano, sin lugar a dudas, se ha formado para ser un gran médico. Pero creo yo, que los médicos también necesitan aplicar la inteligencia emocional y otras habilidades que quizás no estén escritas en el expediente académico en muchísimos momentos.

Los sobresalientes no deberían ser la única opción hacia el éxito

Un expediente académico brillante no debería ser la llave del éxito. Aunque en bastantes centros educativos sea lo más importante y en muchas empresas sea en lo primero que se fijen. Un buen expediente académico no debería ser el único motivo y objetivo de las instituciones educativas. Los alumnos, tienen que salir de las escuelas con algo más aprendido que las asignaturas. Tienen que salir con algo más que sobresalientes en las mochilas. Tienen que aprender a desarrollarse como personas, a aplicar valores, a tener en cuenta a los demás.

Tener una cantidad increíble de sobresalientes no significa que se sea mejor que otras tantas personas que no los tienen, no significa que se vaya a estar más cualificado para desempeñar un trabajo. El expediente académico, es una medida arcaica que los centros educativos no deberían poner en los primeros puestos de objetivos a cumplir. Un estudiante de sobresalientes, no es más capaz que uno de 5, esa calificación simplemente demuestra que el alumno de 9 ha estudiado más esa asignatura o que ha tenido más suerte que el otro porque han caído las preguntas que se sabía.

¿Cuándo nos daremos cuenta que el sistema educativo es desastroso?

El sistema educativo no debería fomentar simplemente eso. La educación, debería ir mucho más allá. Mucho más allá de sobresalientes, exámenes, trabajos, libros de texto, apuntes, resúmenes… La educación, debería favorecer los momentos de tolerancia y respeto entre los compañeros. Debería dar oportunidades para que los estudiantes se comprometieran con algo, trabajaran en equipo de forma cooperativa y desarrollaran habilidades sociales.

Y, por supuesto, se debería guiar a los alumnos en la gestión de emociones y de sentimientos. Enseñar que hay otros caminos a parte del expediente académico para conseguir un trabajo. Los centros educativos deberían proporcionar situaciones y momentos en los que los estudiantes se formasen como personas sensibles y con empatía. Los sobresalientes están vacíos si no se aprende a ser persona. Un sistema educativo, que hoy por hoy, no tiene pinta de cambiar ni de actualizarse. ¿Para qué? Si en España tenemos una educación sensacional… (nótese la ironía).

18Oct2018

Los expertos relacionan el aumento de psicopatologías en menores con la falta de autonomía para explorar y ejercer el autocontrol

Un padre pendiente de los movimientos de su hija en una plaza de Barcelona (Llibert Teixidó)

Si usted es de los que alza a su hijo para que suba a las barras de equilibrio o a un árbol, de los que le advierte constantemente que se va a caer del tobogán, o de los que interviene cuando discute con otros niños por un juguete o por quién ha ganado, sepa que le está haciendo un flaco favor, que está comprometiendo su desarrollo psicológico.

Cada vez son más los psicólogos, médicos y pedagogos que vinculan el declive del juego libre, espontáneo y sin supervisión de adultos con el aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la depresión y la ansiedad. ¿Por qué?

“Porque el decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades”, responde Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

Pero hoy padres y madres supervisan las actividades de los niños a escasa distancia y vigilan sus movimientos, sobreprotegiéndolos y privándolos de gran parte de esos aprendizajes. Y cuando no están bajo la mirada de los padres están bajo la supervisión de un maestro, un familiar o un monitor que dirige sus actividades, siempre controlado por un adulto que organiza y gestiona su ocio. El resultado es una notable falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos, para desarrollar intereses propios, para aprender a resolver sus problemas, cómo controlar su vida y, sobre todo, sus emociones.

“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, cosa que tiene relación directa con la depresión y la ansiedad, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC.

Más categórico se muestra, si cabe, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma Editorial): “No es que el juego influya en el desarrollo psicológico sino que es una necesidad psicológica; y cuando los padres nos entrometemos y les advertimos, cuando les decimos hasta cómo se tienen que sentir, se les quita confianza, y un niño con menos confianza se siente más inseguro, más vulnerable, y tiene más riesgo de caer en depresión”. Subraya que, por el contrario, los niños que juegan solos son más capaces de negociar, de resolver problemas prácticos y conflictos, se sienten más competentes para hacerlo, se saben capaces, y eso les proporciona confianza y redunda en su autoestima. “Al niño que le llevamos siempre a actividades programadas, al que sobreprotegemos y alertamos continuamente de los riesgos, le damos un mensaje de que no confiamos en él, que hay que vigilarle, y eso afecta a la autoestima”, enfatiza Bilbao.

El psicólogo Peter Gray, dedicado a la investigación de las formas en las cuales los niños aprenden de forma natural y en el valor del juego, sostiene en sus artículos que la mejor forma de arruinar el juego infantil es “supervisar, halagar, intervenir”. Gray ha documentado y descrito una conexión causal entre el declive del juego libre y el aumento de patologías psicológicas en los jóvenes estadounidenses durante las últimas décadas. “En ausencia de juego libre con iguales, los niños no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicológico sanos”, argumenta.

“Si de niños siempre dependen de los maestros o de sus padres, en la vida adulta van a tener problemas para resolver sus dificultades porque no los tendrán a mano”, coincide Katia Hueso, cofundadora de Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre que se creó en España, y autora de Somos Naturaleza. Un viaje a nuestra esencia (Plataforma Editorial).

Hueso explica que cuando los niños tienen libertad a la hora de jugar, el juego en sí dura poco porque pasan la mayor parte del tiempo pensándolo, consensuando qué van a hacer, con qué y cómo, de modo que trabajan la creatividad, la imaginación y la fantasía además de las habilidades sociales.

Causas diversas

La superprotección de los padres, la vida en las ciudades, el urbanismo, los horarios laborales y las políticas infantiles limitan que los niños jueguen solos en la calle

Y remarca que si además de jugar con libertad lo hacen al aire libre, la combinación resulta aún más poderosa y beneficiosa para su salud mental, porque tienen más espacio, más materiales con los que jugar, aparecen más imprevistos a los que adaptarse y mayor sensación de libertad y serenidad. “Si el niño sale a jugar al campo y lo encuentra encharcado tendrá que jugar con el charco y no con el suelo, y eso significa gestionar los cambios, adaptarse y hacer cintura, que son cosas que vienen muy bien en la vida adulta para sobrellevar las cuestiones que no podemos controlar”, ejemplifica Hueso.

Si usted es de los que alza a su hijo para que suba a las barras de equilibrio o a un árbol, de los que le advierte constantemente que se va a caer del tobogán, o de los que interviene cuando discute con otros niños por un juguete o por quién ha ganado, sepa que le está haciendo un flaco favor, que está comprometiendo su desarrollo psicológico.

Cada vez son más los psicólogos, médicos y pedagogos que vinculan el declive del juego libre, espontáneo y sin supervisión de adultos con el aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la depresión y la ansiedad. ¿Por qué?

“Porque el decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades”, responde Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

“Decidir con quién, dónde, cuándo y a qué jugar obliga a negociar, pactar, tomar decisiones, asumir riesgos… Y eso mejora la confianza y la resilencia” JAUME BANTULÀ Miembro del Observatorio del Juego Infantil

Pero hoy padres y madres supervisan las actividades de los niños a escasa distancia y vigilan sus movimientos, sobreprotegiéndolos y privándolos de gran parte de esos aprendizajes. Y cuando no están bajo la mirada de los padres están bajo la supervisión de un maestro, un familiar o un monitor que dirige sus actividades, siempre controlado por un adulto que organiza y gestiona su ocio. El resultado es una notable falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos, para desarrollar intereses propios, para aprender a resolver sus problemas, cómo controlar su vida y, sobre todo, sus emociones.

“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, cosa que tiene relación directa con la depresión y la ansiedad, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC.

“La mejor forma de arruinar el juego infantil es supervisar, halagar o intervenir”PETER GRAY Psicólogo

Más categórico se muestra, si cabe, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma Editorial): “No es que el juego influya en el desarrollo psicológico sino que es una necesidad psicológica; y cuando los padres nos entrometemos y les advertimos, cuando les decimos hasta cómo se tienen que sentir, se les quita confianza, y un niño con menos confianza se siente más inseguro, más vulnerable, y tiene más riesgo de caer en depresión”. Subraya que, por el contrario, los niños que juegan solos son más capaces de negociar, de resolver problemas prácticos y conflictos, se sienten más competentes para hacerlo, se saben capaces, y eso les proporciona confianza y redunda en su autoestima. “Al niño que le llevamos siempre a actividades programadas, al que sobreprotegemos y alertamos continuamente de los riesgos, le damos un mensaje de que no confiamos en él, que hay que vigilarle, y eso afecta a la autoestima”, enfatiza Bilbao.

El psicólogo Peter Gray, dedicado a la investigación de las formas en las cuales los niños aprenden de forma natural y en el valor del juego, sostiene en sus artículos que la mejor forma de arruinar el juego infantil es “supervisar, halagar, intervenir”. Gray ha documentado y descrito una conexión causal entre el declive del juego libre y el aumento de patologías psicológicas en los jóvenes estadounidenses durante las últimas décadas. “En ausencia de juego libre con iguales, los niños no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicológico sanos”, argumenta.

(Ana Jiménez)
“Si de niños siempre dependen de los maestros o de sus padres, en la vida adulta van a tener problemas para resolver sus dificultades porque no los tendrán a mano”, coincide Katia Hueso, cofundadora de Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre que se creó en España, y autora de Somos Naturaleza. Un viaje a nuestra esencia (Plataforma Editorial).

Hueso explica que cuando los niños tienen libertad a la hora de jugar, el juego en sí dura poco porque pasan la mayor parte del tiempo pensándolo, consensuando qué van a hacer, con qué y cómo, de modo que trabajan la creatividad, la imaginación y la fantasía además de las habilidades sociales.

Aprender a manejar riesgos

Por ventajas que tenga el juego sin supervisión al aire libre hoy resulta inimaginable dejar que los niños salgan solos a la calle para jugar con amigos. Las ciudades no son demasiado amables, es difícil encontrar lugares donde los niños puedan apartarse y explorar tranquilos y sin que los padres teman por atropellos, robos o secuestros. Pero sin descuidarlos, se les puede dejar “solos” por la vía de no intervenir cuando se les acompaña al parque o a la plaza. “Es importante que desde pequeñitos no interrumpamos el juego de los niños, dejarles a su aire, no interferir cuando interaccionan con otros bebés en el arenero ni ayudarles a trepar al tobogán… Hay que darles espacio y tiempo, quedarnos fuera del recinto y no intervenir en sus disputas salvo que haya agresiones físicas o abuso porque el conflicto se plantee con un niño mucho más mayor”, explica Álvaro Bilbao.

La seguridad

Se les puede dejar “solos” por la vía de apartarse y no intervenir cuando se les acompaña al parque o a la plaza

Katia Hueso cree que la intervención de los padres cuando acompañan a los niños al parque debe limitarse a dar pautas del tipo “de esta plaza no puedes salir” o “de aquel árbol no puedes pasar porque no te veo”, y dentro de esos márgenes ofrecerles juego libre, confiar en ellos, “porque cuando les das confianza suelen respetar los límites”. Añade que cuando se les permite manejarse solos, los niños adquieren mayor capacidad para valorar el riesgo. “El niño al que se aúpa al tobogán no sabe valorar sus posibilidades, pero el que lo hace por sí mismo sí sabe de qué es capaz, así que se mete en menos líos”, comenta .

Bilbao explica que hay estudios que constatan que en los parques de aventura donde hay elementos peligrosos (cuerdas, botellas, serruchos, clavos…) y los adultos tienen vetada la entrada hay menos accidentes que en los parques convencionales donde los padres están constantemente diciendo “cuidado con eso” o “no te subas ahí”.

Hueso subraya que cuando los adultos dejan espacio y no intervienen dan al niño no solo la oportunidad de explorar jugando, sino también de aburrirse, de frustrarse, de examinar sus ideas o de alejarse a un rincón para estar solo, “cosas muy importantes para la salud mental”. A modo de ejemplo comenta que si un niño quiere subirse a un árbol y no lo consigue, es mejor acompañarle en la frustración que empujarle para que suba. “Si le subes, su satisfacción será muy efímera; en cambio si le acompañas en la frustración y le dejas gestionar la impaciencia, la satisfacción que sentirá al subir a la tercera intentona sí que la recordará y le servirá en el futuro”, dice.

Fuente: La Vanguardia

13Sep2018

Fes que l’adaptació a l’escola segui més fàcil per als petits

És setembre i amb ell arriba l’esperada, o temuda, tornada a l’escola. Un fet que implica un període d’adaptació per als infants, i en el qual els pares tenen un paper molt important. La separació és difícil per a ambdues parts, però com a adults hem de ser capaços de facilitar aquest pas als més petits.

 

En aquest sentit, hi ha errors que no es poden cometre:

 

No preparar els infants.

Cal involucrar-los en la preparació de l’inici de les classes. Han de saber el que vindrà. Per això és positiu que participin en la compra del material escolar, o en la preparació del calendari d’àpats, per exemple.

 

Plorar davant dels infants.

Per molt difícil que sigui mantenir-se ferm quan l’infant plora, com a adults hem de saber gestionar les emocions L’infant està nerviós. Com a pare et toca mantenir-te ferm i transmetre-li seguretat.

Girar-se si està plorant.

Si ja t’has acomiadat i el sents plorar o et crida, no et donis la volta, o evita-ho al màxim. El personal de l’escola està capacitat per calmar-lo. Al cap de poc temps estarà bé.

 

Marxar sense acomiadar-se.

El comiat és trist, però marxar sense que l’infant se n’adoni no és una opció, ja que els pot fomentar la sensació d’abandonament.

 

Allargar massa el comiat.

 

Renyar els infants perquè ploren.

Els infants se senten malament el primer dia d’escola, no se’ls ha de renyar si ploren. És normal. Tingues paciència, acomiadat, i no et giris.

 

Font: elmon.cat

17Ago2018

 

TÍTOL: A LA PLATJA
AUTOR:  SUSANNA MATTIANGELI
EDITORIAL: PATIO EDITORIAL
EDAT RECOMANADA: A PARTIR DE 4 ANYS
SINOPSI: A la nina que protagonitza aquest conte, els seus pares li havien advertit que no s’allunyés del para-sol, però quan fa el seu castell de sorra es distreu observant als adults i… es perd.

17Ago2018

Fa mil anys que no em compro res per mi

La frase no és meva, és d’una de les meves millors amigues, la Lourdes, mare de tres fills de 7, 5 i 2 anys. Sí, una feinada. El cas és que l’altre dia el grup de whatsapp de les amigues es va omplir d’imatges estiuenques de les vacances i dels nens a la platja. L’observadora del grup, la Montse, es va fixar en el bikini de la Lourdes que va resultar que era de quan va néixer la seva primera filla.

I la resposta de la Lourdes “fa mil anys que no compro res per mi” em va fer pensar que això de tenir fills implica donar-se molt i en concret donem el més valuós que tenim, el temps. Per això, quan arriben els fills, valorem més que mai tenir temps per nosaltres. Temps per llegir, per sopar tots dos, per anar al teatre o per comprar un banyador.

Em sembla que la depressió post part que moltes hem patit, no té res a veure amb el nadó que arriba, sinó amb la dona que marxa. De sobte fas coses que mai sabies que faries: parlar de còlics, triturar fruita, saber de memòria les dosis de Dalsy, comprar en botigues de roba infantil que abans no miraves ni de reüll. És un canvi tan bèstia, que costa adaptar-se al nou rol, i tant que costa.

D’un dia per l’altre deixem fins i tot de tenir nom per acabar a les agendes telefòniques d’altres mares que ens registren com “mare de l’Albert”. Si la conciliació laboral és un repte, encara ho és més la personal, la conciliació que busca l’equilibri entre ser mare i seguir sent qui sempre has estat.

Per sort, de sobte arriba un dia que es canvia de xip. Els nens es fan una mica més grans i el temps va tornant, en comptagotes, però va tornant. I tornes a fer coses que et fan ser tu: fas ioga, et fas les ungles, fas vida social o tornes a llegir a les nits sense que es tanquin els ulls a la primera línia. Coses que t’agraden i que sempre t’han agradat i que potser, havies aparcat.

I t’adones que els fills et fan molt feliç però no és l’únic que et fa feliç. Que estrenar bikini o passar un parell d’hores sense nens són petites coses que ens carreguen d’energia i ens ajuden a encarar els dies complicats, els dies on arribar a tot ens fa bola.

Gaudiu dels nens aquests dies i busqueu temps (per poc que sigui) per vosaltres, els 365 dies de l’any. Bon estiu!

MAGDA MINGUET
Font: ara.cat

16Jul2018

                            ¿Qué es la dermatitis atópica?

En Saber Vivir se ha hablado de la dermatitis atópica, la enfermedad dermatológica más frecuente en la infancia. También hubo espacio para hablar de las meningitis y de la medida más eficaz para prevenirlas ¿Queréis conocerla?

La dermatitis atópica, popularmente llamada eccema, es la enfermedad crónica de la piel más frecuente de la infancia. Alrededor de un 10% de los niños la padecerán en algún momento de su infancia.

Se caracteriza por placas de piel enrojecida (inflamación), intenso picor y piel seca que cursa en brotes intercalado por periodos de tiempo sin síntomas.

¿A qué edades afecta fundamentalmente?

Es una enfermedad propia de la infancia. Generalmente comienzan a los 2 meses de vida. Un 60% de los niños tendrán síntomas antes del año y solamente un 10% de ellos continuarán con la enfermedad más allá de los 7 años. Por lo que el pronóstico es bueno a pesar de alterar mucho la calidad de vida de estos niños si no se tratan adecuadamente.

Tiene un importante componente hereditario y está altamente ligado a diversas enfermedades alérgicas (rinitis, asma alérgica o sensibilización al huevo) que tu pediatra irá estudiando y vigilando.

¿Existe algún desencadenate?

En muchas ocasiones sí, y conviene identificarlos precozmente para intentar evitarlos.

Los niños con dermatitis atópica sobre todo dermatitis atópica severa que han empezado pronto, en los primeros meses de vida, tiene una probabilidad alta de sufrir alergia al huevo o a las proteínas de leche de vaca. Tu pediatra si así lo considera te derivará al alergólogo para realizar el estudio oportuno.
Con el exceso de calor y sudoración empeoran. Ponle ropa fresca y de algodón.
El estrés es un importante desencadenante, sobre todo en los adolescentes. Vigila las épocas de exámenes o cambios bruscos en su vida, puede que tenga algún brote.
Baja humedad. Los ambientes secos o los aires acondicionados o calefacciones de aire caliente empeoran de forma importante el estado de su piel.
Alergenos como los ácaros del polvo. Habrá que estar atentos porque las posibilidades de desarrollar una alergia son más altas.
Irritantes: jabones con perfumes, colonias, tejidos sintéticos.
¿Cuáles son los síntomas?

Fundamentalmente picor y creedme, es un picor muy intenso. Tan intenso que no pueden dormir, tan fuerte que no pueden evitar dejar de rascarse la piel hasta el punto de hacerse verdaderas heridas sangrantes secundarias al rascado.

Además es típico de estos niños la piel seca, muy seca.

En los lactantes aparecerán los eccemas sobre todo en mejillas aunque con el tiempo de extenderán a brazos y tórax.

Dermatitis atópica,lactante

Dermatitis atopica 2

En los niños más mayores las placas de eccema se localizarán en los pliegues:

Flexura del brazo
Flexura de las piernas, detrás de las rodillas
También en párpados, alrededor de los labios..
dermatitis atópica piernas

 

Bien, mi hijo le acaban de diagnosticar de dermatitis atópica ¿Y ahora qué?

Pues ahora se trata de saber qué tengo que hacer durante el brote y qué debo hacer entre brote y brote para evitarlos.

Es importante explicar a los padres que es una enfermedad crónica, que aunque cursa a brotes, tendremos momentos peores. Que no existen varitas mágicas ni medicaciones curativas pero que es vital cuidar la piel de su hijo para mejorar su calidad de vida. Y recordadles que en la inmensa mayoría de los niños al alcanzar los 7-8 años, desparece la enfermedad.

¿Qué podemos hacer? ¿Cuál es el tratamiento?

Más vale prevenir que curar… Medidas preventivas para espaciar los brotes:

Hidratar, hidratar, hidratar: Utilizar cremas/aceites emolientes especiales para pieles atópicas al menos dos veces al día. Cuánto más hidratada esté la piel, menos picará, menos se rascará y menos brotes tendrá.
Evitar baños largos. Mejor ducha o baño corto, no más de 5-10 minutos y no más de 3 veces a la semana. El agua empeora su piel.
Evitar agua muy caliente. Mejor templada.
Huir de perfumes y jabones con intensos perfumes. Utilizar gel de avena/parafina o aceites limpiadores (sin jabón, también llamados Syndet).
Hidratar la piel inmediatamente después de salir de la ducha con la piel aún húmeda, sin secarla, sin frotar con la toalla.
Utilizar ropa de algodón 100%. Evitar sintéticos y lanas.
Evitar abrigar en exceso, con la sudoración empeoran.
En verano: ve a la playa, báñate en el mar con tu hijo. ¡La mejoría es espectacular!
No le retires ningún alimento de la dieta sin que tu pediatra/alergólogo así te lo haya indicado. Podría ser perjudicial.
Córtale las uñas. Evitarás que se haga heridas con el rascado. Debemos estar atentos a las sobreinfecciones, al alterar la barrera cutánea con el rascado, las heridas se infectan fácilmente y es frecuente tener que recurrir a cremas antibióticas.
Y fundamental: Si tiene síntomas hay que tratarlos.

¿Qué hago durante el brote?

Si picor intenso: Antihistamínico oral. Generalmente para el picor utilizamos los antihistamínicos orales H1 que al tener cierto efecto sedante, les ayuda a conciliar el sueño y a no rascarse por las noches.
Si comienza con un brote y tiene las placas de eccema enrojecidas (inflamación), tu pediatra te indicará que empieces a aplicarle la crema o emulsión de corticoide (antinflamatorio), una o dos veces al día durante un corto espacio de tiempo.
No tengas miedo a los corticoides, a las dosis adecuadas y recomendadas por tu pediatra, no tienen efectos perjudiciales.

No tengas a tu hijo con un brote de dermatitis atópica sin tratamiento, empeorará y su calidad de vida también. Existen otros tratamientos para casos más complicados que han demostrado también su eficacia en el control de los síntomas como son el Tacrólimus o Pimecrólimus.

Me sigue haciendo gracia cuando pauto corticoides en crema a algún atópico que viene en pleno brote con un picor insoportable y su madre o su padre me dice:

¿Corticoides?? ¿¿Eso no es muy malo??
A ver, si fuese malo, si supiera que iba a empeorar o a causarle algún daño ¿Crees de verdad que te lo daría?
Confía en tu pediatra, alergólogo o dermatólogo porque no olvides que todos ellos buscamos lo mejor para tu hijo.

Dra. Lucía Galán Bertrand. Pediatra. www.luciamipediatra.com

Autora de:

Lo mejor de nuestras vidas. 11ª edición. Planeta. 2016.
Eres una madre maravillosa. 4ª edición. Planeta. 2017.
El viaje de tu vida. Planeta.

9Jun2018

Todos hemos tenido una maestra o un maestro que recordamos de manera entrañable por su ternura o su paciencia; los hubo y los habrá que no, que los recordemos por su firmeza o exigencia, pero todos tienen un denominador común, todos han sido habitantes del planeta escuela.

Son personas como tú y como yo, salvo que a ellos les exigimos un extra de autocontrol, de sobre atención con cada uno de nuestros hijos y un extra de tiempo y calma ante las exigencias del sistema. Y no, no creo que sean súper héroes ni súper villanos, son seres normales y corrientes; son madres, son padres y algunos hasta abuela o abuelo. Son de carne y hueso; sienten, sufren y padecen como cualquiera.

Los docentes también lloran de pena al decir adiós a sus alumnos: te conozco, te acompaño, te guió, te cuido, te respeto y te educo, para luego decirte adiós una y otra vez. Cambian las caras, los nombres, las historias, pero todo se repite con una cadencia de ciclos entrañables, una y otra vez.

Los docentes también lloran de dolor al saberse menospreciados o agredidos tan sólo por ejercer su trabajo, de convivir con el insulto o la falta de respeto, y a pesar de ser inmerecido, soportan la carga como si fuera parte de su mochila. Os aseguro que un docente no recibe formación específica para soportar reproches. Eso no se estudia en ninguna asignatura, eso se aprende a base de experiencias a veces muy ingratas.

Los docentes también lloran de impotencia cuando ven que no consiguen sacar de sus alumnos todo lo que saben que pueden llegar a dar; y se revuelven entre técnicas de motivación, de refuerzos imaginarios, de paciencia infinita, de inventos caseros pensados para esos alumnos que no olvidan incluso estando fuera de la escuela. Eso sí que es llevarse el trabajo a casa, pero en el alma.

Los docentes también lloran de frustración; esos noveles que llegan a las aulas queriendo comerse el mundo con tal intensidad que terminan muchas veces sin saber por qué ni cómo, pero al final es el mundo quien les ha comido a ellos. Sus expectativas más idealizadas chocan contra el muro de la rutina y del sistema, dando al traste con muchas de sus ilusiones.

Los docentes también lloran de desesperación hasta obtener una plaza definitiva, llevando siempre en la maleta el estigma de los inicios de la profesión. Aquí te toca aquí te aguantas; da igual que te venga bien o mal, que tengas hijos, proyectos o familiares que te necesiten. No importa, hay que estar disponibles, siempre disponibles.

Los docentes también lloran de amor, de alegría y satisfacción cuando cada curso sienten que su empeño ha servido para ir más allá de la didáctica académica. Cuando ven su esfuerzo en el proceso y en los resultados. Cuando en muchos casos han surgido lazos con sus alumnos o familias que traspasan de lo profesional a lo personal. Siempre hay un recuerdo especial que conecta con cada una de las personas que pasan por sus aulas. Es increíble. ¿Cómo se puede guardar tanto cariño en un sólo corazón?

Detrás de cada docente hay una historia de vida, de obstinación incluso hasta llegar a ejercer su carrera, su profesión, su decisión de vida; porque ser y dedicarse a la docencia no es una causalidad, es más bien una actitud muy premeditada.

Después de la familia directa, las educadoras y las maestras son las primeras figuras de apego de nuestros hijos fuera de casa. Con ellas se adaptan a un mundo nuevo de experiencias, de destrezas y herramientas, de fichas, de bocadillos imposibles de recomponer y de zumos desparramados sin control por el aula. Son quienes como por arte de magia adentran a nuestros hijos en el maravilloso mundo de las letras, los números, los colores y de las primeras palabras raras. Se crea entre ellos un lazo invisible trenzado a base de normas, sonrisas y mucha complicidad.

Los días viajan en el tiempo llevando la práctica docente como referente una mañana tras otra, tragando saliva, dolor de garganta, tirando del “buenos días con alegría” como si nunca les pasara nada, como si algo sobre humano les hubiera inmunizado de las penas propias y ajenas… y nada más lejos de la realidad. Soportan lo insoportable incluso a veces más allá de lo razonable, pero sólo son personas, sólo eso.

Nunca olvidemos de dónde venimos ni a quiénes debemos lo mucho que hoy somos y sabemos; porque todo lo que se enseña con cariño se conserva en la retina de los buenos recuerdos.

Gracias Docentes, hoy queremos que vuestras lágrimas sean también nuestras.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

26May2018

Son las cinco de la tarde y los colegios cierran sus puertas. Ha llegado la hora de ir al parque. O a merendar a una cafetería. La escena se repite cada día: padres, madres y otros cuidadores pegados al móvil mientras los críos miran al cielo, se columpian, llenan cubos de tierra o juegan a la pelota. Si el pequeño intenta hablar con el adulto, este comparte su tiempo entre la pantalla y su hijo. ¿Es un gesto inocente y sin consecuencias? No. Los expertos advierten: cuando los niños se conviertan en adolescentes, ¿con qué autoridad les vamos a decir que no se pasen todo el día mirando una pantalla?

El pedagogo Gregorio Luri insiste en que el principal órgano educativo no es el oído sino el ojo. “Los niños aprenden con el ejemplo que ven en las personas que consideran valiosas, como sus padres. Da igual lo que estos les digan, lo importante es lo que ven los chavales”.

Luri explica que en la sociedad del siglo XXI no somos conscientes de la importancia de educar la atención, que es el “nuevo coeficiente intelectual”. La atención -añade- es la capacidad para mantener la actividad que se está realizando en ese momento, ya sea cocinar una paella, hablar con otra persona o mirar a tu hijo. “Todos los seres humanos nacemos con una atención débil. Nos distraemos con rapidez, pero es algo que se entrena. A los hijos se les puede, y se les debe, enseñar a mantener la atención”, explica el autor de ‘Elogio de las familias sensatamente imperfectas’.

Dar ejemplo

El experto en educación no pretende demonizar el móvil y recuerda que es una herramienta fabulosa para muchas cosas, entre ellas, aumentar nuestro conocimiento. Sin embargo, también es un instrumento con alta capacidad de devorar el tiempo (y nuestra atención). Volviendo a los padres, Luri se pregunta qué ejemplo dan a sus hijos cuando, delante de ellos, se entretienen recorriendo pantallas compulsivamente. “¿Quién domina a quién? ¿Tú al móvil o el móvil a ti? Es importante recordar que todos los padres tienen el deber de dar ejemplo”.

“¿Qué ejemplo damos a los hijos cuando nos entretenemos recorriendo pantallas compulsivamente?”

Gregorio Luri Pedagogo

Consciente de que cada familia educa a sus hijos lo mejor que puede, el pedagogo insiste en que, respecto al uso-abuso del móvil por parte de los padres, da igual la edad de los hijos. Es algo a tener en cuenta tanto si son bebés de teta como niños de 10 años. Otra escena cotidiana de los parques es la de mujeres amamantando a sus hijos mientras miran el móvil. Luri recuerda que tampoco es un acto sin consecuencias porque para un bebé no hay nada más importante que los ojos de su madre y cuando deja de mamar “los sigue teniendo en su cabeza”.

Uso crítico del móvil

La pedagoga María Acaso no se muestra tan tajante como Luri. “Si vemos a un padre o una madre mirando el móvil en el parque con sus hijos nos parece mal. Pero si le vemos con un periódico o un libro de papel ¿nos parecería mejor?”, se pregunta con ironía. Luri responde que ojalá los padres leyeran en el parque más libros porque el libro “educa la atención y el móvil la dispersa”. En todo caso, la pedagoga sí que recuerda la importancia de hacer un uso crítico del móvil. “El problema no es la herramienta sino cómo la usamos. ¿La usamos para, por ejemplo, estar bien informados o para leer la vida de Belén Esteban?” Acaso subraya que si un padre o madre se pasa dos horas en el parque no habría mayor problema en usar el ‘smart-phone’ algunas veces. “Si está solo media hora quizá sí que sería bueno que estuviera en exclusiva para sus hijos”, recomienda.

“El problema no es el móvil sino cómo lo usamos. La solución está en hacer un uso crítico y marcar los tiempos”

María Acaso Pedagoga

Consciente de la adicción que puede suponer el móvil (sobre todo, las aplicaciones, donde los ‘likes’ de las redes sociales implican descargas de dopamina), la autora del libro ‘Art Thinking. Cómo el arte puede transformar la educación’ se muestra partidaria de marcar tiempos. En su casa, por ejemplo, se apagan los teléfonos por la noche y se encienden después de desayunar en familia (Acaso tiene dos hijas). “Cuando vamos al colegio, en el metro, tampoco lo miro. Es un momento para estar con mis hijas. Una vez que están en la escuela, lo enciendo. Así procuro darles ejemplo porque la educación del niño es el ejemplo que reciben de sus padres”, concluye recalcando que no hay que demonizar la tecnología sino convivir con ella.

Ladrón de tiempo

Padre de una niña de tres años, el escritor y articulista de temas de crianza Joan Antoni Martín Piñol comenta que está harto de ver en el parque padres y madres que miran compulsivamente la pantalla de su móvil. “No tienen pinta de ser cirujanos y estar asistiendo a una operación a corazón abierto”, ironiza. Piñol se ha propuesto con firmeza no apartar la mirada de su cría, incluso cuando habla con otros padres. “He visto demasiadas películas de sábado por la tarde en Antena 3 como para apartar los ojos de ella. Creo que puede pasarle cualquier cosa en cualquier momento”, comenta con humor.

El autor de ‘Harry Pater y el pañal filosofal’ -divertidísima y útil guía para padres primerizos- está convencido de que los niños deben saber que sus padres están con ellos y por ellos. “El móvil no puede ser un ladrón de tiempo. Si estás en el parque, estás en el parque. Y lo digo yo, que soy autónomo y muchas cosas de trabajo salen en cualquier momento. Pero creo que todo puede esperar 20 minutos, ¿no? Además, si es algo muy urgente te llaman”, resume Martín Piñol.

“Mi hijo mayor me reprochó que estaba todo el día enganchada al móvil. Para mí, fue una bofetada”

Catalina Echeverry Experta en crianza

En la misma línea se muestra Catalina Echeverry, autora del blog ‘Mamá también sabe. Crianza en la era digital’. En su opinión, es importante que los padres y madres tengan autocontrol con las nuevas tecnologías y se pongan pequeños retos, como no sacar el móvil en las comidas y cenas familiares y tampoco en el rato de parque.

Echeverry recuerda que ella misma se convirtió, sin quererlo ni saberlo, en una adicta a las notificaciones de las redes sociales. Ocurrió hace seis años, cuando montaba la web Conciliación real. “Mi hijo mayor, que por aquel entonces tenía ocho años, me reprochó que estaba todo el día enganchada al móvil. Para mí, fue una bofetada. A partir de ahí lo tuve claro”. La bloguera, experta en marketing digital, recuerda la importancia de no estar pendiente del móvil delante de nuestros hijos para prevenir problemas en el futuro. “Una vez convertido en adolescente, ¿con qué cara le vas a decir que no se pase todo el día con el móvil?”, concluye.

Font: El periódico

Olga Perada

20May2018

Amb el bon temps arriba un maldecap que molts pares tenien mig oblidat des de l’estiu passat. Tot i que no són una infecció parasitària excessivament perillosa, sí que són un malson per a aquells que els intenten treure dels caps dels seus fills.

Potser alguna de les següents informacions us ajudarà a conèixer millor aquests “amics” que ens acompanyen a tot arreu.

1. Per què només van als nens?

Per norma general –sempre hi ha excepcions–, els polls només s’instal·len als caps de nens de 10 o menys anys d’edat, quasi mai en adults. Això és perquè és a partir d’aquesta edat que la pell comencem a secretar un greix natural que no agrada gens a aquests insectes.

2. Els polls no salten. Viatgen igual que Tarzan

Al contrari del que molta gent pot pensar, per infectar-se cal que els caps es toquin entre ells perquè un poll “salti” d’un cabell a un altre. De fet, el que fa és passar d’un cabell a un altre de la mateixa manera que Tarzan saltava de liana en liana, però sense cridar. No són puces, són polls. Així que, alerta amb xiuxiuejar-se coses a l’orella, amb les abraçades, amb compartir gorra i fins i tot amb fer-se selfis en grup!

3. Van al cabell net. No és un mite

Els polls mengen sang, igual que nosaltres mengem patates braves. Ens agraden molt. I ens agrada especialment quan el plat, els coberts, la taula i els tovallons són ben nets. Doncs als polls, també. I a més els va millor per enganxar els ous a la base del cabell. En un cabell greixós es poden desprendre amb més facilitat. I prefereixen els cabells llisos. El cap dels nens s’ha de rentar amb la freqüència habitual. No pel fet de tenir polls s’ha de rentar el cabell amb més freqüència pensant que serà més higiènic. De fet, és al contrari. No eliminarem els polls, sinó que els estarem fregant els plats cada dia.

4. Ponen entre 5 i 10 ous diaris

Les llémenes son aquests petits granets de sorra que es veuen enganxats a la base dels cabells i que costa molt de treure. De vegades es pot confondre amb la caspa, però es pot diferenciar perquè la caspa marxa amb (relativa) facilitat. Doncs bé, si passem molts dies sense aplicar-hi el tractament, no només eclosionaran les llémenes i tindrem més polls, sinó que a més, els polls que ja teníem en pondran més i més. De fet, un poll només s’aparella una vegada a la vida i conserva l’esperma al seu interior, per anar-se autofecundant cada dia una miqueta i seguir ponent ous durant la seva vida, que pot ser de fins a un mes.

5. El tractament més eficaç: dimeticona

Donant per sobreentès que no raparem als nostres fills (a menys que es posi de moda), parlarem dels tractaments químics. Els tractaments convencionals contra els polls es basen en insecticida. Amb els anys, però, la majoria de les 3.000 espècies diferents de polls que es poden trobar s’han anat fent resistents a aquests productes. Per tant, si no els podem enverinar, els haurem d’ofegar. Cada cop en són més, els tractaments farmacèutics basats en dimeticona: una mena de silicona líquida que té textura oliosa i que embolcalla els polls d’una substància impermeable i no transpirable. T’imagines com ho passaries si t’emboliquessin per complet amb film transparent? Doncs això és el que senten els polls (ara que no et facin pena, eh?). D’aquesta manera, deixant-lo actuar el temps indicat, els polls es van asfixiant i perden la força per agafar-se als cabells. A banda, les llèmenes també quedaran estovades i sortiran amb més facilitat. El tractament, per cert, s’ha de repetir al cap d’una setmana (el temps d’incubació dels ous), per eliminar algun poll o llémena que hagi pogut quedar, abans no es reprodueixi.

6. Per què prefereixen estar al clatell i darrere les orelles?

Especialment el clatell. Perquè són els llocs més calentons, on sovint hi ha abundància de cabell, i són les ubicacions on els va millor per incubar els ous.

7. Hi ha espècies que viuen a la roba

Determinades espècies de polls no viuen aferrades als cabells, sinó a les fibres de la roba, i s’enganxen esporàdicament a qualsevol part de la pell humana per alimentar-se de la sang i tornar cap al teixit a reproduir-se i pondre els ous. Per això, el costum tradicional de rentar amb aigua ben calenta els llençols i les tovalloles no és un esforç en va. D’altres sí que viuen als cabells, però pot ser a qualsevol part del cos, com el pubis, les celles, la barba, el bigoti o les aixelles.

FONT RAC1
VÍCTOR ENDRINO CUESTA