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16Jul2018

                            ¿Qué es la dermatitis atópica?

En Saber Vivir se ha hablado de la dermatitis atópica, la enfermedad dermatológica más frecuente en la infancia. También hubo espacio para hablar de las meningitis y de la medida más eficaz para prevenirlas ¿Queréis conocerla?

La dermatitis atópica, popularmente llamada eccema, es la enfermedad crónica de la piel más frecuente de la infancia. Alrededor de un 10% de los niños la padecerán en algún momento de su infancia.

Se caracteriza por placas de piel enrojecida (inflamación), intenso picor y piel seca que cursa en brotes intercalado por periodos de tiempo sin síntomas.

¿A qué edades afecta fundamentalmente?

Es una enfermedad propia de la infancia. Generalmente comienzan a los 2 meses de vida. Un 60% de los niños tendrán síntomas antes del año y solamente un 10% de ellos continuarán con la enfermedad más allá de los 7 años. Por lo que el pronóstico es bueno a pesar de alterar mucho la calidad de vida de estos niños si no se tratan adecuadamente.

Tiene un importante componente hereditario y está altamente ligado a diversas enfermedades alérgicas (rinitis, asma alérgica o sensibilización al huevo) que tu pediatra irá estudiando y vigilando.

¿Existe algún desencadenate?

En muchas ocasiones sí, y conviene identificarlos precozmente para intentar evitarlos.

Los niños con dermatitis atópica sobre todo dermatitis atópica severa que han empezado pronto, en los primeros meses de vida, tiene una probabilidad alta de sufrir alergia al huevo o a las proteínas de leche de vaca. Tu pediatra si así lo considera te derivará al alergólogo para realizar el estudio oportuno.
Con el exceso de calor y sudoración empeoran. Ponle ropa fresca y de algodón.
El estrés es un importante desencadenante, sobre todo en los adolescentes. Vigila las épocas de exámenes o cambios bruscos en su vida, puede que tenga algún brote.
Baja humedad. Los ambientes secos o los aires acondicionados o calefacciones de aire caliente empeoran de forma importante el estado de su piel.
Alergenos como los ácaros del polvo. Habrá que estar atentos porque las posibilidades de desarrollar una alergia son más altas.
Irritantes: jabones con perfumes, colonias, tejidos sintéticos.
¿Cuáles son los síntomas?

Fundamentalmente picor y creedme, es un picor muy intenso. Tan intenso que no pueden dormir, tan fuerte que no pueden evitar dejar de rascarse la piel hasta el punto de hacerse verdaderas heridas sangrantes secundarias al rascado.

Además es típico de estos niños la piel seca, muy seca.

En los lactantes aparecerán los eccemas sobre todo en mejillas aunque con el tiempo de extenderán a brazos y tórax.

Dermatitis atópica,lactante

Dermatitis atopica 2

En los niños más mayores las placas de eccema se localizarán en los pliegues:

Flexura del brazo
Flexura de las piernas, detrás de las rodillas
También en párpados, alrededor de los labios..
dermatitis atópica piernas

 

Bien, mi hijo le acaban de diagnosticar de dermatitis atópica ¿Y ahora qué?

Pues ahora se trata de saber qué tengo que hacer durante el brote y qué debo hacer entre brote y brote para evitarlos.

Es importante explicar a los padres que es una enfermedad crónica, que aunque cursa a brotes, tendremos momentos peores. Que no existen varitas mágicas ni medicaciones curativas pero que es vital cuidar la piel de su hijo para mejorar su calidad de vida. Y recordadles que en la inmensa mayoría de los niños al alcanzar los 7-8 años, desparece la enfermedad.

¿Qué podemos hacer? ¿Cuál es el tratamiento?

Más vale prevenir que curar… Medidas preventivas para espaciar los brotes:

Hidratar, hidratar, hidratar: Utilizar cremas/aceites emolientes especiales para pieles atópicas al menos dos veces al día. Cuánto más hidratada esté la piel, menos picará, menos se rascará y menos brotes tendrá.
Evitar baños largos. Mejor ducha o baño corto, no más de 5-10 minutos y no más de 3 veces a la semana. El agua empeora su piel.
Evitar agua muy caliente. Mejor templada.
Huir de perfumes y jabones con intensos perfumes. Utilizar gel de avena/parafina o aceites limpiadores (sin jabón, también llamados Syndet).
Hidratar la piel inmediatamente después de salir de la ducha con la piel aún húmeda, sin secarla, sin frotar con la toalla.
Utilizar ropa de algodón 100%. Evitar sintéticos y lanas.
Evitar abrigar en exceso, con la sudoración empeoran.
En verano: ve a la playa, báñate en el mar con tu hijo. ¡La mejoría es espectacular!
No le retires ningún alimento de la dieta sin que tu pediatra/alergólogo así te lo haya indicado. Podría ser perjudicial.
Córtale las uñas. Evitarás que se haga heridas con el rascado. Debemos estar atentos a las sobreinfecciones, al alterar la barrera cutánea con el rascado, las heridas se infectan fácilmente y es frecuente tener que recurrir a cremas antibióticas.
Y fundamental: Si tiene síntomas hay que tratarlos.

¿Qué hago durante el brote?

Si picor intenso: Antihistamínico oral. Generalmente para el picor utilizamos los antihistamínicos orales H1 que al tener cierto efecto sedante, les ayuda a conciliar el sueño y a no rascarse por las noches.
Si comienza con un brote y tiene las placas de eccema enrojecidas (inflamación), tu pediatra te indicará que empieces a aplicarle la crema o emulsión de corticoide (antinflamatorio), una o dos veces al día durante un corto espacio de tiempo.
No tengas miedo a los corticoides, a las dosis adecuadas y recomendadas por tu pediatra, no tienen efectos perjudiciales.

No tengas a tu hijo con un brote de dermatitis atópica sin tratamiento, empeorará y su calidad de vida también. Existen otros tratamientos para casos más complicados que han demostrado también su eficacia en el control de los síntomas como son el Tacrólimus o Pimecrólimus.

Me sigue haciendo gracia cuando pauto corticoides en crema a algún atópico que viene en pleno brote con un picor insoportable y su madre o su padre me dice:

¿Corticoides?? ¿¿Eso no es muy malo??
A ver, si fuese malo, si supiera que iba a empeorar o a causarle algún daño ¿Crees de verdad que te lo daría?
Confía en tu pediatra, alergólogo o dermatólogo porque no olvides que todos ellos buscamos lo mejor para tu hijo.

Dra. Lucía Galán Bertrand. Pediatra. www.luciamipediatra.com

Autora de:

Lo mejor de nuestras vidas. 11ª edición. Planeta. 2016.
Eres una madre maravillosa. 4ª edición. Planeta. 2017.
El viaje de tu vida. Planeta.

9Jun2018

Todos hemos tenido una maestra o un maestro que recordamos de manera entrañable por su ternura o su paciencia; los hubo y los habrá que no, que los recordemos por su firmeza o exigencia, pero todos tienen un denominador común, todos han sido habitantes del planeta escuela.

Son personas como tú y como yo, salvo que a ellos les exigimos un extra de autocontrol, de sobre atención con cada uno de nuestros hijos y un extra de tiempo y calma ante las exigencias del sistema. Y no, no creo que sean súper héroes ni súper villanos, son seres normales y corrientes; son madres, son padres y algunos hasta abuela o abuelo. Son de carne y hueso; sienten, sufren y padecen como cualquiera.

Los docentes también lloran de pena al decir adiós a sus alumnos: te conozco, te acompaño, te guió, te cuido, te respeto y te educo, para luego decirte adiós una y otra vez. Cambian las caras, los nombres, las historias, pero todo se repite con una cadencia de ciclos entrañables, una y otra vez.

Los docentes también lloran de dolor al saberse menospreciados o agredidos tan sólo por ejercer su trabajo, de convivir con el insulto o la falta de respeto, y a pesar de ser inmerecido, soportan la carga como si fuera parte de su mochila. Os aseguro que un docente no recibe formación específica para soportar reproches. Eso no se estudia en ninguna asignatura, eso se aprende a base de experiencias a veces muy ingratas.

Los docentes también lloran de impotencia cuando ven que no consiguen sacar de sus alumnos todo lo que saben que pueden llegar a dar; y se revuelven entre técnicas de motivación, de refuerzos imaginarios, de paciencia infinita, de inventos caseros pensados para esos alumnos que no olvidan incluso estando fuera de la escuela. Eso sí que es llevarse el trabajo a casa, pero en el alma.

Los docentes también lloran de frustración; esos noveles que llegan a las aulas queriendo comerse el mundo con tal intensidad que terminan muchas veces sin saber por qué ni cómo, pero al final es el mundo quien les ha comido a ellos. Sus expectativas más idealizadas chocan contra el muro de la rutina y del sistema, dando al traste con muchas de sus ilusiones.

Los docentes también lloran de desesperación hasta obtener una plaza definitiva, llevando siempre en la maleta el estigma de los inicios de la profesión. Aquí te toca aquí te aguantas; da igual que te venga bien o mal, que tengas hijos, proyectos o familiares que te necesiten. No importa, hay que estar disponibles, siempre disponibles.

Los docentes también lloran de amor, de alegría y satisfacción cuando cada curso sienten que su empeño ha servido para ir más allá de la didáctica académica. Cuando ven su esfuerzo en el proceso y en los resultados. Cuando en muchos casos han surgido lazos con sus alumnos o familias que traspasan de lo profesional a lo personal. Siempre hay un recuerdo especial que conecta con cada una de las personas que pasan por sus aulas. Es increíble. ¿Cómo se puede guardar tanto cariño en un sólo corazón?

Detrás de cada docente hay una historia de vida, de obstinación incluso hasta llegar a ejercer su carrera, su profesión, su decisión de vida; porque ser y dedicarse a la docencia no es una causalidad, es más bien una actitud muy premeditada.

Después de la familia directa, las educadoras y las maestras son las primeras figuras de apego de nuestros hijos fuera de casa. Con ellas se adaptan a un mundo nuevo de experiencias, de destrezas y herramientas, de fichas, de bocadillos imposibles de recomponer y de zumos desparramados sin control por el aula. Son quienes como por arte de magia adentran a nuestros hijos en el maravilloso mundo de las letras, los números, los colores y de las primeras palabras raras. Se crea entre ellos un lazo invisible trenzado a base de normas, sonrisas y mucha complicidad.

Los días viajan en el tiempo llevando la práctica docente como referente una mañana tras otra, tragando saliva, dolor de garganta, tirando del “buenos días con alegría” como si nunca les pasara nada, como si algo sobre humano les hubiera inmunizado de las penas propias y ajenas… y nada más lejos de la realidad. Soportan lo insoportable incluso a veces más allá de lo razonable, pero sólo son personas, sólo eso.

Nunca olvidemos de dónde venimos ni a quiénes debemos lo mucho que hoy somos y sabemos; porque todo lo que se enseña con cariño se conserva en la retina de los buenos recuerdos.

Gracias Docentes, hoy queremos que vuestras lágrimas sean también nuestras.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

26May2018

Son las cinco de la tarde y los colegios cierran sus puertas. Ha llegado la hora de ir al parque. O a merendar a una cafetería. La escena se repite cada día: padres, madres y otros cuidadores pegados al móvil mientras los críos miran al cielo, se columpian, llenan cubos de tierra o juegan a la pelota. Si el pequeño intenta hablar con el adulto, este comparte su tiempo entre la pantalla y su hijo. ¿Es un gesto inocente y sin consecuencias? No. Los expertos advierten: cuando los niños se conviertan en adolescentes, ¿con qué autoridad les vamos a decir que no se pasen todo el día mirando una pantalla?

El pedagogo Gregorio Luri insiste en que el principal órgano educativo no es el oído sino el ojo. “Los niños aprenden con el ejemplo que ven en las personas que consideran valiosas, como sus padres. Da igual lo que estos les digan, lo importante es lo que ven los chavales”.

Luri explica que en la sociedad del siglo XXI no somos conscientes de la importancia de educar la atención, que es el “nuevo coeficiente intelectual”. La atención -añade- es la capacidad para mantener la actividad que se está realizando en ese momento, ya sea cocinar una paella, hablar con otra persona o mirar a tu hijo. “Todos los seres humanos nacemos con una atención débil. Nos distraemos con rapidez, pero es algo que se entrena. A los hijos se les puede, y se les debe, enseñar a mantener la atención”, explica el autor de ‘Elogio de las familias sensatamente imperfectas’.

Dar ejemplo

El experto en educación no pretende demonizar el móvil y recuerda que es una herramienta fabulosa para muchas cosas, entre ellas, aumentar nuestro conocimiento. Sin embargo, también es un instrumento con alta capacidad de devorar el tiempo (y nuestra atención). Volviendo a los padres, Luri se pregunta qué ejemplo dan a sus hijos cuando, delante de ellos, se entretienen recorriendo pantallas compulsivamente. “¿Quién domina a quién? ¿Tú al móvil o el móvil a ti? Es importante recordar que todos los padres tienen el deber de dar ejemplo”.

“¿Qué ejemplo damos a los hijos cuando nos entretenemos recorriendo pantallas compulsivamente?”

Gregorio Luri Pedagogo

Consciente de que cada familia educa a sus hijos lo mejor que puede, el pedagogo insiste en que, respecto al uso-abuso del móvil por parte de los padres, da igual la edad de los hijos. Es algo a tener en cuenta tanto si son bebés de teta como niños de 10 años. Otra escena cotidiana de los parques es la de mujeres amamantando a sus hijos mientras miran el móvil. Luri recuerda que tampoco es un acto sin consecuencias porque para un bebé no hay nada más importante que los ojos de su madre y cuando deja de mamar “los sigue teniendo en su cabeza”.

Uso crítico del móvil

La pedagoga María Acaso no se muestra tan tajante como Luri. “Si vemos a un padre o una madre mirando el móvil en el parque con sus hijos nos parece mal. Pero si le vemos con un periódico o un libro de papel ¿nos parecería mejor?”, se pregunta con ironía. Luri responde que ojalá los padres leyeran en el parque más libros porque el libro “educa la atención y el móvil la dispersa”. En todo caso, la pedagoga sí que recuerda la importancia de hacer un uso crítico del móvil. “El problema no es la herramienta sino cómo la usamos. ¿La usamos para, por ejemplo, estar bien informados o para leer la vida de Belén Esteban?” Acaso subraya que si un padre o madre se pasa dos horas en el parque no habría mayor problema en usar el ‘smart-phone’ algunas veces. “Si está solo media hora quizá sí que sería bueno que estuviera en exclusiva para sus hijos”, recomienda.

“El problema no es el móvil sino cómo lo usamos. La solución está en hacer un uso crítico y marcar los tiempos”

María Acaso Pedagoga

Consciente de la adicción que puede suponer el móvil (sobre todo, las aplicaciones, donde los ‘likes’ de las redes sociales implican descargas de dopamina), la autora del libro ‘Art Thinking. Cómo el arte puede transformar la educación’ se muestra partidaria de marcar tiempos. En su casa, por ejemplo, se apagan los teléfonos por la noche y se encienden después de desayunar en familia (Acaso tiene dos hijas). “Cuando vamos al colegio, en el metro, tampoco lo miro. Es un momento para estar con mis hijas. Una vez que están en la escuela, lo enciendo. Así procuro darles ejemplo porque la educación del niño es el ejemplo que reciben de sus padres”, concluye recalcando que no hay que demonizar la tecnología sino convivir con ella.

Ladrón de tiempo

Padre de una niña de tres años, el escritor y articulista de temas de crianza Joan Antoni Martín Piñol comenta que está harto de ver en el parque padres y madres que miran compulsivamente la pantalla de su móvil. “No tienen pinta de ser cirujanos y estar asistiendo a una operación a corazón abierto”, ironiza. Piñol se ha propuesto con firmeza no apartar la mirada de su cría, incluso cuando habla con otros padres. “He visto demasiadas películas de sábado por la tarde en Antena 3 como para apartar los ojos de ella. Creo que puede pasarle cualquier cosa en cualquier momento”, comenta con humor.

El autor de ‘Harry Pater y el pañal filosofal’ -divertidísima y útil guía para padres primerizos- está convencido de que los niños deben saber que sus padres están con ellos y por ellos. “El móvil no puede ser un ladrón de tiempo. Si estás en el parque, estás en el parque. Y lo digo yo, que soy autónomo y muchas cosas de trabajo salen en cualquier momento. Pero creo que todo puede esperar 20 minutos, ¿no? Además, si es algo muy urgente te llaman”, resume Martín Piñol.

“Mi hijo mayor me reprochó que estaba todo el día enganchada al móvil. Para mí, fue una bofetada”

Catalina Echeverry Experta en crianza

En la misma línea se muestra Catalina Echeverry, autora del blog ‘Mamá también sabe. Crianza en la era digital’. En su opinión, es importante que los padres y madres tengan autocontrol con las nuevas tecnologías y se pongan pequeños retos, como no sacar el móvil en las comidas y cenas familiares y tampoco en el rato de parque.

Echeverry recuerda que ella misma se convirtió, sin quererlo ni saberlo, en una adicta a las notificaciones de las redes sociales. Ocurrió hace seis años, cuando montaba la web Conciliación real. “Mi hijo mayor, que por aquel entonces tenía ocho años, me reprochó que estaba todo el día enganchada al móvil. Para mí, fue una bofetada. A partir de ahí lo tuve claro”. La bloguera, experta en marketing digital, recuerda la importancia de no estar pendiente del móvil delante de nuestros hijos para prevenir problemas en el futuro. “Una vez convertido en adolescente, ¿con qué cara le vas a decir que no se pase todo el día con el móvil?”, concluye.

Font: El periódico

Olga Perada

20May2018

Amb el bon temps arriba un maldecap que molts pares tenien mig oblidat des de l’estiu passat. Tot i que no són una infecció parasitària excessivament perillosa, sí que són un malson per a aquells que els intenten treure dels caps dels seus fills.

Potser alguna de les següents informacions us ajudarà a conèixer millor aquests “amics” que ens acompanyen a tot arreu.

1. Per què només van als nens?

Per norma general –sempre hi ha excepcions–, els polls només s’instal·len als caps de nens de 10 o menys anys d’edat, quasi mai en adults. Això és perquè és a partir d’aquesta edat que la pell comencem a secretar un greix natural que no agrada gens a aquests insectes.

2. Els polls no salten. Viatgen igual que Tarzan

Al contrari del que molta gent pot pensar, per infectar-se cal que els caps es toquin entre ells perquè un poll “salti” d’un cabell a un altre. De fet, el que fa és passar d’un cabell a un altre de la mateixa manera que Tarzan saltava de liana en liana, però sense cridar. No són puces, són polls. Així que, alerta amb xiuxiuejar-se coses a l’orella, amb les abraçades, amb compartir gorra i fins i tot amb fer-se selfis en grup!

3. Van al cabell net. No és un mite

Els polls mengen sang, igual que nosaltres mengem patates braves. Ens agraden molt. I ens agrada especialment quan el plat, els coberts, la taula i els tovallons són ben nets. Doncs als polls, també. I a més els va millor per enganxar els ous a la base del cabell. En un cabell greixós es poden desprendre amb més facilitat. I prefereixen els cabells llisos. El cap dels nens s’ha de rentar amb la freqüència habitual. No pel fet de tenir polls s’ha de rentar el cabell amb més freqüència pensant que serà més higiènic. De fet, és al contrari. No eliminarem els polls, sinó que els estarem fregant els plats cada dia.

4. Ponen entre 5 i 10 ous diaris

Les llémenes son aquests petits granets de sorra que es veuen enganxats a la base dels cabells i que costa molt de treure. De vegades es pot confondre amb la caspa, però es pot diferenciar perquè la caspa marxa amb (relativa) facilitat. Doncs bé, si passem molts dies sense aplicar-hi el tractament, no només eclosionaran les llémenes i tindrem més polls, sinó que a més, els polls que ja teníem en pondran més i més. De fet, un poll només s’aparella una vegada a la vida i conserva l’esperma al seu interior, per anar-se autofecundant cada dia una miqueta i seguir ponent ous durant la seva vida, que pot ser de fins a un mes.

5. El tractament més eficaç: dimeticona

Donant per sobreentès que no raparem als nostres fills (a menys que es posi de moda), parlarem dels tractaments químics. Els tractaments convencionals contra els polls es basen en insecticida. Amb els anys, però, la majoria de les 3.000 espècies diferents de polls que es poden trobar s’han anat fent resistents a aquests productes. Per tant, si no els podem enverinar, els haurem d’ofegar. Cada cop en són més, els tractaments farmacèutics basats en dimeticona: una mena de silicona líquida que té textura oliosa i que embolcalla els polls d’una substància impermeable i no transpirable. T’imagines com ho passaries si t’emboliquessin per complet amb film transparent? Doncs això és el que senten els polls (ara que no et facin pena, eh?). D’aquesta manera, deixant-lo actuar el temps indicat, els polls es van asfixiant i perden la força per agafar-se als cabells. A banda, les llèmenes també quedaran estovades i sortiran amb més facilitat. El tractament, per cert, s’ha de repetir al cap d’una setmana (el temps d’incubació dels ous), per eliminar algun poll o llémena que hagi pogut quedar, abans no es reprodueixi.

6. Per què prefereixen estar al clatell i darrere les orelles?

Especialment el clatell. Perquè són els llocs més calentons, on sovint hi ha abundància de cabell, i són les ubicacions on els va millor per incubar els ous.

7. Hi ha espècies que viuen a la roba

Determinades espècies de polls no viuen aferrades als cabells, sinó a les fibres de la roba, i s’enganxen esporàdicament a qualsevol part de la pell humana per alimentar-se de la sang i tornar cap al teixit a reproduir-se i pondre els ous. Per això, el costum tradicional de rentar amb aigua ben calenta els llençols i les tovalloles no és un esforç en va. D’altres sí que viuen als cabells, però pot ser a qualsevol part del cos, com el pubis, les celles, la barba, el bigoti o les aixelles.

FONT RAC1
VÍCTOR ENDRINO CUESTA